sábado, 21 de agosto de 2010

Ciudad de Monterrey, 11 de agosto del 2010

Tengo poco más de cinco años viviendo en este lugar de montañas que mucho me ha dado a nivel personal pero poco ofrece al sentido social y humano de los que lo habitan y lo visitan.

Esta región del país que de industria hizo su historia, no ofrece actualmente una seguridad de existencia a sus trabajadores que en su mayoría ahora son de servicios, debido a que la mayoría de las industrias han desaparecido. La vida aquí es difícil para la mayor parte de los que no son los dueños de las grandes empresas o los dirigentes de los corruptos partidos.

Dentro de sus muchas características que tienen la sociedad y cultura neoleonesa se encuentran: las carnes asadas que simbolizan la unión de amigos y familias; la cerveza (tecate, indio y carta blanca) y el güisqui; las religiones futboleras donde el equipo más mediocre es el más reverenciado; la filosofía de que el trabajo es lo más importante aunque esté míseramente pagado; los medios de comunicación que ofrecen programas supuestamente para niños y que contienen payasos, botargas y personajes lujuriosos todos, acompañados de noticieros cuyos presentadores son tan prejuiciosos como los religiosos más dogmáticos; la idea de que la “buena” imagen de una persona es más importante de lo que piensa; el rechazo ante las protestas, que van, desde no reclamar los cincuenta centavos que roban cínicamente los camioneros diariamente hasta no exigir cuotas mínimas a una de las universidad públicas más grandes del país (la facultad menos costosa es de tres mil pesos, la más costosa alcanza más de diez mil pesos); la inaceptabilidad de las críticas, donde no existe un medio masivo que vislumbre fríamente las incongruencias de la sociedad, la política, la economía, la cultura, la ecología y la discriminación de género; la formación de un pensamiento machista, muchos programas de televisión como pláticas cotidianas de la gente ponen a las mujeres como objetos sexuales, estúpidos y como hechas para ser las subordinadas de los hombres; la apatía a conservar sus recursos naturales por el supuesto progreso de una economía depredadora, como es visto en la destrucción irrecuperable de lugares verdes y contaminación de tierras y aguas para construir estadios de fútbol y fraccionamientos familiares que contienen casas de cartón e incluso tan pequeñas e indignas que ni siquiera una sola persona debería vivir; y actualmente, la impotencia del pueblo regiomontano ante una guerra de políticos, policías, ejército y narcotraficantes, donde todos son asesinos de inocentes, y aunque el primero de los asesinos haya sido quien dejo desbordar este baño de sangre, el pueblo regiomontano es el que permite que este asesino siga haciendo de las suyas con sus cómplices.

Esta es la percepción que este lugar del norte de México se ha ganado ante mis ojos a nivel cultural, no podría decir que esto es lo único pero en estos momentos sí lo más representativo de una urbe en cuyo lugar sólo es posible ver desarrollo y progreso para todos, teniendo la cerrada y poco social y humana, mentalidad regia.

Por último, quisiera mencionar que esta reflexión tiene toda la intención de ofender a quien se vea reflejado en esto, no por el hecho de menospreciar su entorno cultural, no creo que se pueda decir que hay unas culturas mejores que otras, inclusive es obvio que el concepto de cultura que utilizo es muy genérico y poco consistente para un verdadero análisis, pero muy útil para observar estos aspectos tan distintos unos de otros. La razón de ofensa tiene que ver con el tipo de mentalidad que se ha construido en las personas de Nuevo León, que siento perjudicial para la construcción de una sociedad crítica, humana, ecológica, organizada y exigente para consigo mismo, para sus gobernantes, sus instituciones y sus empresas. Es así como se percibe que estos elementos son muy alarmantes para una sociedad que cree estar en condiciones de vida dignas pero que sin embargo, la realidad muestra problemáticas que van más allá de lo económico, lo político, lo social y lo ecológico, insertándose en la esfera más identitaria de una sociedad, que es la cultura.

Francisco de Jesús Gómez Ontiveros.


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