lunes, 9 de agosto de 2010

No se quieren.

Para hablar del cotorreo en Ocotlán, ciudad del estado de Jalisco, al menos desde mi punto de vista, es necesario hacer una especia de división entre dos grupos de individuos: Los habitantes regulares de la región, osease los que ahí viven y no sea hacen para ningún lado, pobrecitos. El segundo grupo de individuos a contabilizar dentro de lo que digo, que todavía no entiendo bien; porque en realidad yo sólo sigo el tema sugerido de la semana por un editor bien denso. “Ay sí me gradué de sociología y ya puedo hablar de temas clavados y mamones”. Bueno como les venía diciendo los segundos son una cantidad, no muy grande, pero sí significativa de población flotante, que desde algunos puntos de vista se ve forzada a convivir en el espacio de la primera porción de habitantes por un espacio aproximado de 8 a 9 meses al año, depende el humor de las autoridades de la Universidad de Guadalajara.

Este segundo grupo, tiene también algunas subdivisiones: por ejemplo, están los que ven a la locación cómo un mal necesario en sus vidas y se la pasan contando los minutos para salir pitando de ahí. Para suspender un poco su agonía en ese lugar aburrido y nefasto, se crean micro ecosistemas entre personas que dicen tener el mismo recelo al rancho. Por otra parte están los que son de pequeñas poblaciones cercanas y ven en Ocotlán una alternativa para conocer lugares más grandes ¿?

La convivencia entre los dos grupos de población es muy reducida y se da en muy pocas ocasiones, esto debido a que la población regular de Ocotlán no es tan abierta a la convivencia con la flotante, o al menos eso quieren dar a entender. No digo que sean mamones y abran a los otros, de hecho al contrario, son a lo sumo amables, pero esa amabilidad no pasa de ser un rasgo normal de las personas, más que una invitación a la convivencia regular. Esto ya que población regular de Ocotlán también tiene subdivisiones, los que tienen un beneficio económico de los flotantes y los que no.

De hecho para evitar la convivencia los estudiantes viven ghetos, alejados de la sociedad respetable de la ciudad. No sé si esto se deba a una mera coincidencia geográfica o a qué en realidad fue predeterminado, sin embargo lo que sí sé es que el ocotlense promedio no tiene confianza en dejar entrar a extraños a su cultura, misma resistencia existente por parte de los estudiantes, por lo cual es complicado definir a ciencia cierta cuál es el tipo de cultura en una visión interna de la totalidad del pueblo pantanoso.

Ulises Silva.

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